Tres veces Santo

Tan inmensa es la misericordia de Dios, que entregó a su hijo único por amor al mundo y el hijo de Dios hecho hombre, nos envió a su vez al Espíritu Santo. De esta manera nos encontramos a la Santísima Trinidad, esto configura el título de este artículo, nuestro Dios es tres veces santo.

Lectura del libro del Éxodo 34, 4-6.8-9: En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, llevando en la mano las dos tablas de piedra, como le había mandado el Señor. El Señor descendió en una nube y se le hizo presente.

Misés pronunció entonces el nombre del señor, y el Señor, pasando delante de Él, proclamó: “Yo soy el señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordiosos y fiel”.

Al instante, Moisés se postró en tierra y lo adoró, diciendo: “Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros, aunque sea este pueblo de cabeza dura; perdona nuestras iniquidades y pecados, y tómanos como cosa tuya”.

Reflexión Católica

Cuando Moisés subió al monte para encontrarse con Dios, el señor, pasando delante de Él, proclamó: “Yo soy el señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”. Así fue como Israel conoció que su Dios, el Dios verdadero, cumplía lo que prometía, era fiel, era creíble.

Entonces, como ahora, no solemos confiar del todo en nadie, porque hay razones sobradas para no hacerlo, según la más elemental experiencia de la vida. Pero en Dios radica ese atributo admirable, nuestro Dios todopoderoso el tres veces santo (en su trinidad) nos ofrece la certeza de no ser engañados.

Cuando el señor Dios confía a Moisés que además es misericordioso y nos mira con cariño, tiene paciencia con nuestra miseria, toma como propias nuestras penas y ansiedades, Moisés se postra en tierra y lo adora.

Este básico retrato que Dios hace de sí mismo se desplegará en el tiempo de una manera que muestra toda la profundidad y belleza de su misericordia por los hijos de Adán. Envía, efectivamente, luego de muchos y variados avisos, a su Hijo Unigénito”para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna”. Nuestro Dios es tres veces santo, porque en Él encontramos al creador, al Salvador y luego envía, según celebramos el domingo pasado, el espíritu Santo, nuestro consolador que consolida en el amor la obra del hijo y la vivifica a lo largo de los siglos. A veces decimos “te quiero mucho” con una superficialidad casi escandalosa. No así en Dios. Lo hemos de ver, como Moisés, que pasa por delante y nos habla de sí mismo, fiel, compasivo, clemente, misericordioso. Y ha cumplido su palabra, nos ha participado su propia vida, en forma insipiente ahora y plena al final. Entonces le adoramos con Moisés, y con el mismo Moisés decimos: “tómanos como cosa tuya”.

Con todo afecto su arzobispo

Antonio Arregui.

Artículo tomado de la hoja dominical de la arquidiócesis de Guayaquil

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