Salir al encuentro a la manera de María

Salir al encuentro a la manera de Maria

En el momento justo y a la hora justa, cuando más lo necesitábamos, Dios nos envió a su hijo, pero no de una forma milagrosa y deslumbrante, sino bajo la humilde y sencilla condición de un niño “nacido de mujer”. Dios es grande porque sabe hacer lo grande en forma muy sencilla. María se convierte para nosotros en ese camino escogido por Dios para que Jesús llegue hasta nosotros.

María es el primer paso que da Dios para poner su tienda en nosotros, para darnos en Jesús al salvador, al Emmanuel, al Mesías esperado.

Toda al vida de María fue un abrirse incondicional al amor de Dios y un salir al encuentro de las mil necesidades, dificultades y sufrimientos que se anidan en el corazón humano. Desde la anunciación hasta la cruz, María se consagró totalmente a la persona y a la obra de su hijo. Se hizo camino para que Dios llegara a nosotros y camino para que nosotros lleguemos a Dios.

Quisiera detenerme en dos pasajes que, me parece subrayan muy bien la constante actitud de María de “salir al encuentro de….”:

Visitación de María a su prima Isabel

El primer pasaje es el de la visitación de María a su prima Isabel (Lc , 39-45). María acaba de recibir el saludo del ángel que le anuncia que será la madre de Dios. Para ella este ha sido un momento demasiado grande y no fácil de comprender. Sin embargo, no se cierra celosamente en su secreto, sino que se abre, se hace don.

salir al encuentro

Salir al encuentro con María

El primer paso para “salir al encuentro” es “ponerse en camino”, es dejar atrás todo lo que ata, las seguridades, los apoyos. Desde el momento en que el ángel le anunció el querer de Dios y le informó que su prima iba a ser también madre, María intuyó que podía ser útil, y sin pensarlo dos veces, sin calcular siquiera las incomodidaes de un largo viaje, se puso en camino; se dejó mover sólo por el amor, el amor con el cual Dios la había fecundado, y el amor a su prima a la que iba a asistir.

El texto no se detiene a contarnos los detalles del viaje. María va a lo que va. “Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel” (1,40). quien sale al encuentro siempre se hace sorpresa para el otro. Así lo manifiesta Isabel cuando exclama: “¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a verme?”. La sorpresa más grande que llevaba María era su hijo que hizo saltar de gozo al pequeño Juan en el seno de Isabel.

Cuando se lleva a Jesús dentro y con Él sale al encuentro del otro, se generan cambios profundos en las personas. La presencia de María en la casa de Isabel hizo que ésta proclamara su fe apoyada en la fe de María: “Feliz la que ha creído que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte de Dios” (1,45).

María no iba de turismo. Se quedó justo el tiempo en el cual Isabel dio a luz a Juan, un momento en el que más que nunca se hace necesaria la presencia de una persona cercana. Qué maravillosa dinámica la de este pasaje que nos presenta María al ponerse en camino, se hace presencia discreta de ayuda y apoyo.

María en la bodas de Caná

El segundo texto en el cual quiero detenerme es el de la bodas de Caná (Juan 2, 1-12) . El texto se abre anunciando la boda que se celebraba en Caná y subrayando la presencia de María, como si el evangelista Juan nos quisiera poner en primer plano, antes de hablar de Jesús, la figura de aquella que en cierto modo sería protagonista de lo que se iría a vivir allí. Además, para Juan, la presencia de María en su vida debió ser significativa y profunda porque los últimos días los vivió a lado de ella, después de que Jesús se la entregara en la cruz. Juan nos dice en tres versículos (2, 1-3) cómo fue esta presencia de María.

Ella no estuvo allí solamente como una invitada más disfrutando de la fiesta. La suya fue una presencia activa, atenta a lo que se pudiera ofrecer. Ella, seguramente notó el ir y venir angustiado de los sirvientes, anunciándole al dueño de la casa que las provisiones de vino se habían agotado, cosa que los demás comensales y hasta el mismo Jesús, parecen no haber notado.

María, como también en el pasaje anterior, no espera que le pidan el favor, se adelanta, “sale al encuentro“. Sabe muy bien que el único que puede remediar la situación es su hijo y sin muchas palabras, sólo tres, le plantea la situación: “No tienen vino”. ella no se pierde en explicaciones, ni siquiera le pregunta a Jesús qué pueden hacer. Saben que esas tres palabras son suficiente lenguaje entre ella y su hijo para salvar la situación.

“Elir al encuentro de las necesidades del hombre significa, al mismo tiempo, su introducción en el radio de acción de la misión mesiánica y del poder salvífico de Cristo”.. Aunque la respuesta de Jesús no fue muy alentadora que digamos, ella no se desanimó. Es posible que para Jesús no hubiera llegado su hora, pero cuando se trata de ayudar al otro, de dar una mano, las cosas pueden y deben cambiar.

María no le insiste a Jesús. Simplemente actúa. ¡Algo hay que hacer! ella ayuda a preparar todo, el resto lo hará Él. Y pronuncia una de las frases más bellas que en muchos momentos puede resonar en nuestras vidas: “Haced lo que Él os diga” (2,5). Es decir: ahora todo depende el Él, yo ya hice mi parte.

Esas dos frases pronunciadas por María en una situación difícil hacen que Jesús, en cierto sentido, adelante su hora. Aquí vale la pena recordar esa serie de advocaciones con las que solemos llamar a María y que no son otra cosa que las diversas traducciones de su “salir al encuentro“: Mediadora, Perpetuo Socorro, Auxiliadora, Intercesora, Abogada, Consuelo, etc.

Con todo mi afecto.

Hno. Victor Hugo Redrován

 

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2 Responses to Salir al encuentro a la manera de María

  1. celia lourdes ochoa rodriguez dice:

    SALUDOS COMO SIEMPRE APRENDIENDO CADA DIA MÁS, GRACIAS POR LO QUE NOS ENVIA.
    MUCHISIMAS BENDICIONES

  2. Doy gracias adiós porque existen hermanos unjidos por dios y uno de esos es ested que dios lo siga iluminando cada día más para así nosotros poder aprender más y amas de dios atraves de usted que dios lo bendiga hoy y cienpre bendiciones…..

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