Las Migajas Que Caen De La Mesa – Una Fe Que Vence A Dios

Las migajas que caen de la mesa son el alimento de una mujer cananea (Del Evangelio según san Mateo 15: 21-28), sin lugar a dudas la llegada a un país extranjero supone siempre grandes dificultades. Los que han tenido que emigrar, lo saben bien. El que llega desconoce generalmente la lengua, los usos y costumbres de la nueva nación. La comunicación se hace muy difícil. Además, en muchas ocasiones, los que viven en el país tienden a mirar al extranjero con desconfianza. Piensan que el recién llegado les viene a quitar lo que es suyo: puestos de trabajo, atenciones sociales, etc.

Ven al extranjero, al inmigrante como una amenaza. Por ello, algunos piensan que se les deben negar hasta los más mínimos derechos. Incluso hay quien llega a decir que habría que cerrar las fronteras para que nadie pueda entrar.

Jesús era judío. Vivió toda su vida en Judea y entre judíos. Pero el evangelio de hoy nos relata su encuentro con una extranjera. Los cananeos no sólo eran extranjeros. Eran gente odiada y menospreciada por los judíos. Además, Jesús pensaba que su misión se dirigía fundamentalmente a los judíos. No había ninguna razón para hacer nada por una cananea.

Ella insiste e insiste. Tiene a su hija muy enferma. Jesús comprende su necesidad pero responde que Él ha sido enviado a los judíos. Pero la mujer sigue insistiendo:

Las Migajas Que Caen De La Mesa

“Hasta los perros comen las migajas de la mesa de sus amos”. Se sitúa en una posición de total humildad y confianza. Y Jesús al ver que la cananea está dispuesta a comer las migajas que caen de la mesa, no puede hacer otra cosa que atender la petición de la mujer. El mismo Jesús tuvo que aceptar que su misión rompía los límites de las fronteras, razas, culturas y religiones. El amor de Dios se dirige a toda la humanidad sin excepción. No hay nadie despreciable para Dios. Todos están llamados a sentarse a su mesa. Y no como perros sino como hijos.

Las Migajas Que Caen De La Mesa – Reflexión En Vídeo

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Por qué la Fe de la cananea vence a Dios

Debemos entonces aprender de esta noble mujer, su humildad, su pureza de corazón, por así decirlo  “vence a Dios”. Abrir las fronteras, abrir los corazones, y no despreciar a nadie por ser diferente es la gran lección del evangelio de este domingo. Ante Dios no hay nadie diferente. Todos estamos necesitados de salvación, de perdón, de reconciliación. Todos somos hijos e hijas.

Y Dios nos sienta a su mesa, como hijos que somos, porque en ella hay sitio para todos. Reconocer a las personas que, cerca de nosotros y de muchas maneras diferentes, gritan como la cananea: “Ten compasión de mí”, acogerlas y sentir con ellas, compartiendo lo que somos y tenemos, es nuestra misión como discípulos de Jesús. Así vamos preparando ya ahora el gran banquete del Reino al que Dios ha invitado a toda la humanidad.

La fe de la mujer cananea vence a Dios porque ve en ella una fe muy firme, tanto que al igual que los perritos eta dispuesta a comer las migajas de pan que caen de la mesa de los amos. Esta es la característica de la fe verdadera.

Esta maravillosa parábola de las migajas de pan nos animan a luchar día a día por alcanzar la salvación. Todos están invitados a la salvación, pues la casa de Dios ya no es un templo hecho por manos humanas, sino el mundo y la historia de todos aquellos que confían en el Señor y creen en su Palabra.

Y son los hombres y mujeres que practican el derecho y la justicia, los que están construyendo el “mundo nuevo”, la casa de la salvación, porque no hay cosa que más anhela Dios que todos vivamos en la justicia y en la paz. Ese es el principio fundamental de la salvación y el universalismo. Son el “resto”, los “rebeldes”, como los llama Pablo, quienes, por pura gracia de Dios, han heredado la salvación y han sido injertados en la Iglesia de Cristo.

Las Migajas Que Caen De La Mesa – Imagen

La migajas que caen de la mesa

La migajas que caen de la mesa

La mujer cananea que come las migajas que caen de la mesa tipifica el rechazo del pueblo de las promesas, el encuentro de la mujer cananea con Jesús, ha dado ocasión para que “los sin Ley” -aquellos que han aceptado la gracia de la salvación por la fe- lleguen a formar parte del “nuevo pueblo de Dios”: la Iglesia universal.

Esta Iglesia que, representada en la mujer cananea, con coraje y con fuerza maternal, se postra ante su Señor y suplica por el bienestar de de los suyos.

Con humildad tu y yo eventualmente debemos estar dispuestos a comer las migajas que caen de la mesa. La lección es clara: tal vez la Iglesia no tenga injerencia en la vida de los “no creyentes”, pero con su oración suplicante es capaz de mover el mundo y llegar al corazón de Dios con tal de “desdemonizar”, de liberar, a estos “hijos de Dios”.

Y no lo hace en su nombre, sino en el de su Señor, Jesús, quien “ha sido enviado para salvar a todos”. En la lectura, los discípulos quieren quitarse de encima a la mujer que inoportuna, tal como nos pasa muchas veces a nosotros con el mundo, pero Jesús le devuelve su dignidad de hija de Dios y asegura que la salvación sea para todos.

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