La Paciencia de Dios y nuestra Salvación – Aquí los detalles

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La Paciencia de Dios y nuestra Salvación – Liberación

El Dios que interviene en la vida e historia de Moisés, cuyo nombre es Yo soy, es el Dios de la historia, el Dios de los patriarcas, el que libera a su pueblo. La esclavitud experimentada por el pueblo en Egipto mueve el corazón de Dios, pues sus súplicas y lamentos llegan hasta el Señor, quien se decide a llevar adelante su plan de liberación revelándose a Moisés y, por medio de él, a su pueblo como el Dios de la promesa, de la vida (Éxodo 3, 1-8.13-15).

Pablo, tomando como ejemplo la experiencia de Israel en el camino del desierto, hace una advertencia a los cristianos de Corinto. Pues éstos (Israel) aunque habían experimentado la liberación y la salvación de Dios, murmuraron, perecieron y murieron. La lección es clara: la paciencia de Dios para nuestra salvación está dad por nuestra fidelidad, no porque Dios haya liberado la vida está asegurada, hace falta que esa vida y la fe sean coherentes con el espíritu de la liberación y el querer de Dios (1 Corintios 10, 1-6.10-12).

La Paciencia de Dios y nuestra Salvación

La Paciencia de Dios y nuestra Salvación

La Paciencia de Dios y nuestra Salvación – Advertencia

La crónica de los sucesos, que a veces llamamos crónica roja, siempre ha tenido esa rara capacidad de hacer noticia, como algo que merece ser comunicado a los demás, porque suscita su interés al golpear su sensibilidad.

Así entendió el grupo de hombres que se acercó a Jesús para comunicarle que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. No se dan más detalles sobre el motivo que impulsó al gobernador a tomar esa drástica medida. Queda solamente en primer plano el impresionante hecho de que fueron degollados en medio de sus ritos.

En el comentario a la noticia, el Señor se refirió a otra del mismo género que seguramente estaba presente en el recuerdo de todos. Esto es, la torre de Siloé que aplastó a dieciocho personas en su derrumbe. En ambos casos, sea por causas políticas o naturales, se produjeron unas víctimas y la explicación popular cifraba la suerte corrida por ellas en un castigo de Dios por los pecados. Hoy día prevalecería la idea de que tuvieron mala fortuna, por encontrarse en el sitio equivocado en el momento equivocado.

Estos ejemplos dolorosos es una advertencia del Señor. Debemos entender que la paciencia de Dios para nuestra salvación es grande, la conclusión para sus oyentes es que si no se arrepienten, perecerán de la misma manera. Sin embargo, el texto termina con palabras de bondad y benevolencia, pues el Señor da a sus hijos, que se han pervertido, un tiempo para la conversión, esperando que éste logre un cambio de conducta y se convierta.

En realidad, todo daño o sufrimiento que recae sobre otras personas, sirve para repasar la propia vida ante Dios, más allá del comentario superficial a la noticia y de alguna solidaridad o rechazo en torno a las victimaciones. Si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante. Hay ciertamente castigos de Dios, porque El es justo.

Las lecturas nos dejan un esperanzador mensaje de la paciencia de Dios, que no olvida a su pueblo, que da ejemplos para actuar en coherencia, que da un tiempo necesario para la conversión. Dios no está dispuesto a abandonar lo suyo, antes bien prefiere esperar a que las lecciones de la vida y de la historia nos hagan volver a Él con todo el corazón. Sin embargo, los textos nos insinúan que esa paciencia también tiene un límite, que es necesario convertirse para no perecer. Y entre las cosas que se pueden hacer están: ablandar el terreno, echar un poco de abono y disponerse a producir frutos. Naturalmente que no depende sólo de nuestra voluntad, sino también de la disposición a la acción de Dios, que como buen agricultor sabe podar, cortar, abonar y disponer para una cosecha fecunda.

Reflexión en audio: Padre Miguel Cedeño

Si desean escuchar la reflexión “La transfiguración del Señor” Clic aquí.

Con todo afecto hno. Victor.

 

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