La libertad está en el Espíritu del Señor

El ser humano no se hace pecador de la noche a la mañana, esto es un proceso, cuando nos dejamos llevar por las cosas que nos ofrece este mundo poco a poco y sin que nos dieramos cuenta entramos en las tinieblas, es decir entramos al pecado de manera gradual. La puesta del sol siempre es desde la mañana hasta la tarde, de la tarde hasta el atardecer, y del atardecer al anochecer.

No obstante el anochecer todavía no es el tiempo más oscuro. Todo aquel que entra en las tinieblas lo hace de una manera gradual, sin darse cuenta de lo que le está sucediendo. Es de esa misma manera, sin cobrar plena conciencia de ello, que el hombre gradualmente se desvía hacia algo que no es el Señor. Este es el resultado de no tener luz en nuestro interior.

Por consiguiente, si nos sentimos incómodos o confundidos en cierta área, es en esa área en la que necesitamos que el Señor nos ilumine y nos quebrante. Si el Señor nos quebranta continuamente de esta manera, la luz dentro de nosotros brillará más y más, es decir el Espíritu del Señor que vive en nosotros nos iluminará, nos guiará hacia la libertad que necesitamos en dicha área, porque los velos que tenemos en nosotros serán quitados poco a poco, entonces la libertad está en el Espíritu del Señor.

Por ejemplo; suponga que soy una persona que siempre se está justificando delante de los demás, si usted viene y me dice algo y yo le trato de explicar la situación, mi ser interior se sentirá incómodo; en ese momento yo debería inmediatamente acoger ese sentir, bajar mi cabeza y decirle al Señor: “Oh Señor, no diré nada; incluso si me malentienden no diré nada”. No debemos desobedecer el sentir y resplandor interno, ni tampoco debemos desobedecer la visión interior.

Una vez que el Señor nos da tal sentir, debemos someternos a Él. Muchos de nosotros podemos testificar que siempre que somos detenidos por tal sentir, inmediatamente hay libertad en nuestro espíritu. Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Algunas personas siempre preguntan: “¿Cómo sabemos si nuestro corazón está vuelto al Señor?”; sabemos que nuestro corazón está vuelto al Señor cuando nuestro espíritu goza de libertad.

Cuando estamos discutiendo con alguien,  o en el caso de los matrimonios percibimos que nuestro ser interior no se siente libre, debemos inclinar nuestra cabeza inmediatamente y decirle al Señor: “Oh Señor, ya no voy a pelear”.

Una vez que nos detenemos, nuestro ser interior es liberado, ya que la libertad está en el Espíritu del Señor, entonces podemos alabar al Señor. Si somos así todas las mañanas, nuestra vida diaria se mantendrá fresca. Pero, si seguimos discutiendo y desobedecemos este sentir que nos incomoda, me temo que durante todo el día, desde la mañana hasta el anochecer, nuestro ser interior estará confuso y en tinieblas, y nuestro espíritu no tendrá libertad.

Cuando nuestro corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado.

Bendiciones, y lindo día en Cristo Jesús.

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