La gloria divina que luce en el resucitado

La gloria divina

La gloria divina se manifiesta en el resucitado

De la Cruz fue llevado el cuerpo del Señor al sepulcro nuevo de José de Arimatea, en manifestación de fidelidad a la vez piadosa y valiente. Pero ni las propias santas mujeres que dispusieron con amor la mortaja y el sudario esperaban lo que sucedió en la madrugada del domingo.

La gloria divina que lucía ya en el resucitado se había manifestado, Ellas en efecto, muy temprano, estando todavía oscuro, salieron a embalsamar el cuerpo de Jesús. María Santísima no les acompañaba en esta oportunidad. Ya no estaba en el sepulcro el cuerpo del Señor. Ha resucitado, fue la voz que corrió de uno y otro lado, hasta convertirse en la proclama jubilosa y unánime de los discípulos. “Ha resucitado”, anuncia hoy la Iglesia universal y cada fiel cristiano. “Muerto el que es la vida, triunfante se levanta”, canta la secuencia de la Pascua.

En contra de amargas experiencias, al parecer fatalmente decretadas, el mal no venció en esa singular batalla. Toda la perversidad humana, traducida en obras de iniquidad y dolor por todos los siglos, fue cargada por el Señor a sus espaldas y ofrecida a la misericordia del Padre junto con la propia Vida. Ahí fuimos rescatados del foso de tinieblas y de la esclavitud del pecado. Fuimos reconciliados con el Padre, con nosotros mismos y con los demás. El mal quedó derrotado para siempre. Su oscuro y cruel poderío quedó substituido por la alegría de la gloria divina que luce el Resucitado.

San Juan (20, 1-9) expresa la dificultad que tiene la comunidad para entender el hecho de la resurrección de Cristo, cuando los diferentes signos y testimonios hacen difícil la comprensión del misterio. Solo después de haber visto cómo estaban las vendas y el sudario, justo en el mismo lugar donde estaba Jesús, llegan a creer que Jesús ha resucitado, que está vivo, la gloria divina se había manifestado.

La Gloria Divina Del resucitado

La Gloria Divina Del resucitado

La nueva vida del Resucitado nos ha sido dada por el bautismo, que la hemos renovado en la Pascua y nos anima a dar testimonio ante las personas de que vale la pena padecer para entrar así en la gloria de Dios. Tener fe en Jesucristo es dar testimonio de que el Señor ha estado grande con nosotros y queremos expresarlo con una vida según su mandamiento del amor. Seguramente habrá dificultades a la hora de dar testimonio, pero sabemos que el Espíritu Santo acompaña a los testigos poniéndoles las palabras en su boca para que comuniquen con valentía la nueva realidad que surge del Resucitado.

Queridos hermanos, hoy con la gloria divina manifestada en el resucitado, se abre una oportunidad personal para librarse del odio y llenarse de amor. Nos es distribuido en la fiesta pascual el Amor de la entrega en la Cruz. Cristo vence, definitiva y radicalmente. Por la fe, también cada uno se convierte en vencedor del mal.

Gloria divina – Cristo ha resucitado

  • Por eso creemos firmemente que también nosotros resucitaremos.
  • Por eso, aunque la muerte de nuestros seres queridos nos duela hasta las lágrimas, no nos desesperamos.
  • Por eso, nos esforzamos en vivir de acuerdo con sus enseñanzas y con las de la Iglesia que Él fundó y con la que prometió estar hasta el fin del mundo.
  • Por eso, aun en las dificultades más grandes, confiamos en su amor y en su ayuda.
  • Por eso, nos esforzamos en cumplir su mandamiento de amarnos los unos a los otros (especialmente en el hogar).
  • Por eso lo descubrimos, como Él mismo nos lo dijo, en el hambriento, en el sediento, el enfermo, el forastero y en el que no tiene nada que ponerse…
  • Por eso, porque Jesucristo está vivo, acudimos cada domingo a recibirlo en la Eucaristía

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Con todo afecto, Hno. Víctor

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