La genuina exaltación proviene de una vida crucificada

Lectura Bíblica: Filipenses 2,3-5 ” Y no hagan nada por rivalidad o por vanagloria. Al contrario, que cada uno, humildemente, estime a los otros como superiores así mismo. No busque nadie sus propios intereses sino mas bien el beneficio de los demás.Tengan unos con otros las mismas las mismas disposiciones que tuvo Cristo Jesús”

Reflexión Católica

Ninguna otra cosa perturbaba más al apóstol San Pablo que saber que los filipenses perseguían la vanagloria. Su mayor anhelo era que ellos llevaran una vida crucificada. Como ya vimos, esta vida es el propio Cristo que se despojó y se humilló. Cuando hacemos de esta vida crucificada nuestro modelo, la puerta de la resurrección se abre ante nosotros y nos da entrada al poder de la resurrección. Dios nunca nos exaltará si nos encontramos en una esfera de ambición y vanagloria. Cuanto más vanagloria busquemos, más vergonzosa será nuestra situación. Perseguir la vanagloria de ninguna forma es una gloria; antes bien, es una vergüenza. Así mismo, si en nosotros hay ambición, Dios nunca nos exaltará. Por el contrario, el resultado inevitable será la humillación. La vida más elevada en la tierra es la vida crucificada [San Ambrosio siglo IV]. Siempre y cuando llevemos una vida crucificada, Dios nos introducirá en el poder de la resurrección y en dicho poder seremos exaltados.

En los años que llevo en la vida de iglesia, conocí a muchos hermanos que actuaban por ambición y vanagloria. Sin excepción, todos ellos terminaron mal. Es insensato tratar de competir en la vida de iglesia. Además, en la vida de iglesia nadie debe defender su reputación personal. Por supuesto, debemos defender el testimonio del Señor, pero no debemos reclamar ningún mérito, título ni rango para nosotros mismos. Si lo hacemos, nunca entraremos en el poder de la resurrección. Mi mayor anhelo es que en la vida de iglesia no busque mi propia gloria. En lugar de ello, deseo seguir exclusivamente a Cristo, de este modo experimentaré la vida crucificada.

Debido a que había ambición, egoísmo y vanagloria entre algunos miembros de la iglesia en Filipos, fue necesario que San Pablo les hablara de Cristo como el modelo de una vida crucificada. A diferencia de otras epístolas suyas, Pablo presentó este modelo en Filipenses, debido a que la ambición y la vanagloria representaban un serio problema para los santos de esa ciudad. En tanto que los filipenses buscaran alguna gloria para sí mismos, la ambición estaría presente. Por consiguiente, Pablo les mostró que Cristo, el Hijo de Dios, tenía una posición muy elevada. Les indicó que aunque Cristo poseía la forma misma de Dios y el derecho de ser igual a Dios, Él no consideró el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de esclavo y haciéndose semejante a los hombres. Y luego, siendo hallado en porte exterior como hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Los creyentes de Filipos que buscaban alguna posición o título, ciertamente necesitaban conocer a Cristo como el modelo de la vida crucificada. Que el Señor nos preserve su gracia para anhelar una vida crucificada.

Bendiciones, lindo día para todos
Jesús es el Señor

Cuerpo redactor MMAC.

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