La consagración del Ecuador, al Sagrado Corazón de Jesús

De acuerdo con el profeta Zacarías, Jesús, manzo y humilde de corazón, es el mismo Señor que un día entrará en Jerusalén.

Lectura del libro del profeta Zacarías 9,9-10 Esto dice el Señor: “Alégrate sobremanera, hija de Sión; da gritos de júbilo, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti, justo y victoriosos, humilde, y montado en un burrito.

Él hará desaparecer de la tierra de Efraín los carros de guerra y de Jerusalén, los caballos de combate. Romperá el arco del guerrero y anunciará la paz a las naciones. Su poder se extenderá de mar a mar y desde el gran río hasta los últimos rincones de la tierra”.

Reflexión Católica

Los textos de este domingo pueden caer cada año en una fecha distinta, pero han entrado en el año presente justamente en la fiesta conmemorativa de la consagración del Ecuador al sagrado corazón de Jesús, fiesta en que encuentra su lugar, en las misas de todo el país, una oración por la patria. Pedimos para nuestro Ecuador todos los bienes que necesita: paz, libertad, justicia, dignidad de vida para todos; armonía en las familias, progreso en la economía, educación de calidad, cuidando de la naturaleza y tantas otras cosas. Todos debemos colaborar para que estos deseos se hagan realidad.

Pero sabemos bien que exceden las fuerzas humanas, que nuestro deseo va mucho más allá de nuestras fuerzas. por lo que nos acogemos a la misericordia del Sagrado Corazón de Jesús, y le pedimos que nos dé la paz, como resultado final de haber conseguido todos los demás bienes.

Señala el profeta Zacarías que nuestro Rey, Jesucristo, es pacífico: “El hará desaparecer de la tierra de Efraín los carros de guerra y de Jerusalén, los caballos de combate. Romperá el arco del guerrero y anunciará la paz a las naciones”. Movidos, con demasiada frecuencia, en forma ciega y vehemente por las pasiones desatadas y las ambiciones más audaces, somos impotentes para detener la escala de las tensiones y de las agresiones. Cuando se llega a un acuerdo, en la familia, en la empresa, en la vida nacional, un leve cambio de contextos desencuaderna el equilibrio logrado y desata nuevas confrontaciones.

Ya sería tiempo de reconocer que no podemos nunca conquistar la paz solamente en base a nuestro esfuerzo, igual que no podemos conquistar la felicidad por medios técnicos. Solo Él – Jesucristo – romperá el arco del Guerreo.

Mons. Antonio Arregui.

Artículo tomado de la hoja dominical de la Arquidiósecis de Guayaquil

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