Homilia Dominical – Como Saciar Nuestra Sed

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En la homilia dominical de hoy vemos el diálogo del Señor con la samaritana en el brocal del pozo de Jacob, posiblemente recogido por Juan de boca de la misma samaritana, contiene una de las historias más bellas del Evangelio y constituye una fuente inagotable de contemplación orante.

Homilia Dominical – La Mujer Samaritana

Queridos hermanos, lo primero que debemos aprender es que al igual que a esta mujer El Señor nos busca Como para inquietar la rutina de nuestra existencia y provocar el diálogo que conduce al descubrimiento de Dios cercano, interesado en nuestra vida.

La mujer desemboca en la escucha de aquel ‘Soy yo’, en que resuena la revelación a Moisés, y que le entrega el don de la fe. En este tiempo en que todos somos convocados a vivir la responsabilidad de anunciar el Evangelio, es oportuno fijarse en que la primera consecuencia de la llegada de la samaritana a la fe en Jesucristo consistió en anunciarlo a todos los pobladores de su aldea, a quienes invitó a ir a ver a ese hombre. Alborotó e interesó a toda su gente, de manera que ellos rogaron a Jesús que se quedara en esa aldea y, efectivamente, el Señor se quedó por dos días.

Después de esas jornadas, fueron muchos los que creyeron en Jesús y le decían a la mujer: ‘Ya no creemos por lo que nos has contado, pues nosotros mismos… sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo’.

De manera que la mujer pasó a ser como un instrumento transitorio, cedió su credibilidad y su protagonismo. Todo evangelizador que anuncia a Jesucristo sabe que será Él quien regale el don de la fe salvadora y quedará como Señor. Pero el papel de la samaritana ante su gente resulta insustituible y todos somos la samaritana.

Tomarse en serio el camino cuaresmal es dejar que la Palabra de Dios ponga en crisis la propia vida y el modo como la conducimos. Entonces se toma conciencia de que, aunque se satisfacen muchas necesidades, la sed de plenitud sigue sin encontrar su manantial. El encuentro con la persona de Jesús no sólo revela nuestro pecado, sino que sacia la verdadera necesidad humana, la del encuentro con Él, con su Dios Padre, y con la comunidad creyente. Quien así lo hace se convierte en testimonio vivo de Cristo, único capaz de saciar la sed de vida, significado y eternidad.

Con todo afecto.

Hno. Victor

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