Homilía De Hoy – El Dolor Y El Sufrimiento Como Proceso De Conversión

dolor y sufrimientos

La homilía de hoy nos invita a vivir el dinamismo que emerge de la esperanza cierta de que el Señor viene, se hace uno de nosotros, para rescatarnos del abismo (pecado) y guiarnos por el camino que conduce al Reino celestial.

Del libro de Isaías 40, 1-5.9-11 – Isaías clama la preparación del camino del Señor. No se trata de una preparación en sentido material, sino en sentido espiritual, debemos entender que el único canal donde verdaderamente tenemos una intimidad con Dios es el aspecto espiritual, este aspecto espiritual abarca las dimensiones de la fe y de la esperanza. El pueblo probado por Yahvé prepara el camino de su liberación.

Al igual que el pueblo de Dios planificó su liberación, así también nosotros tenemos que preparar nuestra propia liberación, liberación que implica una dosis de dolor y de sufrimiento.  De ninguna manera debemos entender que el camino a nuestra liberación debe necesariamente ser una vida llena de sufrimientos, llena de dolor, lo que más bien trato de decir es que debemos estar preparados para el sufrimiento, presta mucha atención debemos estar preparados para sufrir, esto es muy diferente a decir que el camino que Dios nos propone está necesariamente lleno de dolor.

¿Porqué digo esto?, bueno porque la gran mayoría de sufrimientos que tenemos en la vida no vienen porque Dios nuestro Señor quiera que nosotros suframos, debemos de ser responsables y darnos cuenta que precisamente por estar alejados de Dios es que caemos en situaciones de dolor, somos víctimas de nosotros mismos, el mundo nos conduce al abismo, somos necios.

Según el criterio cristiano una persona necia es aquella que vive como si Dios no existiera. No podemos mis queridos hermanos vivir alejados de Dios, en el evangelio de Juan 15,5 nos dice el Señor “Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran y se seca; como a los sarmientos, que los amontonan, se echan al fuego y se queman”.

Quiero que prestes atención a la oración que dice “Sin mi no pueden hacer nada”, esto quiere decir literalmente que absolutamente nada edificante, nada positivo, nada bueno podemos hacer sin Dios nuestro Señor.

La mayoría del dolor y sufrimiento viene precisamente por vivir una vida alejada de Dios. Obviamente que estando junto al Señor habrá situaciones de dolor y sufrimientos, pero estos son llevaderos porque todo lo podemos superar con Cristo que nos da fuerza, y sabiduría para tomar las mejores decisiones.

Que no nos llame la atención que en nuestro proceso de conversión haya situaciones de dolor y sufrimiento, pues esta es pedagogía que utiliza Dios para hacer brotar del pueblo la experiencia maravillosa de la conversión. Es mejor pasar un poco de dolor junto al Señor que vivir una vida llena de sufrimientos alejados de Dios, Pues Dios no da la garantía de la esperanza y la vida.

Por otro lado en la homilia de hoy el autor de la carta de san Pedro afirma que existe verdadera alegría cuando somos capaces de vivir el desprendimiento como purificación liberadora, transformando así la vida en júbilo, en gozo, en canto, en anuncio, en proclamación. Para llegar a este estado de vida es necesario tener y permanecer en la “esperanza” del cumplimiento de la promesa de lo nuevo que trae el Señor, para lo cual es importante estar en paz, “sin mancha ni reproche”.
Citando las palabras del profeta Isaías, que exhortan al pueblo a preparar el camino del Señor, enderezando lo torcido de la vida y rellenando lo escabroso del corazón, Marcos da inicio a su Evangelio, presentando la figura de Juan el Bautista como el mensajero que anuncia la llegada del Mesías, Jesús, el Hijo de Dios, que viene a salvar lo perdido, por medio de un bautismo en el Espíritu Santo.
Preparar el “camino de la vida” resulta fatigoso y se complica, además, cuando hay que hacer rectos los senderos, es decir, enderezar todo aquello que me aparta del amor de Dios y del amor al prójimo.
Queridos hermanos experimentar una conversión genuina implica una actitud interna libre de ambigüedades, de engaños y falsos propósitos, precisamente para esta época muchos de nosotros decimos en este año que viene voy cambiar mi carácter, prometo dejar de beber, prometo dedicar más tiempo para mi familia, prometo orar.. etc…
Estas promesas muchas veces se quedan en buenas intenciones, recapacitemos y abramos nuestro corazón al Señor, estamos llamados en este tiempo de Adviento, a limpiar nuestro corazón, de malas actitudes, de falsos compromisos, para que la llegada del Hijo de Dios en esta Navidad nos encuentre preparados y listos para recibirlo en nuestra vida, en nuestro corazón, y caminar por sus sendas.

Te deseo un lindo día en Cristo Jesús, con todo mi afecto.

Hermano Víctor.

 

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