Hechos y palabras de los trabajadores de la viña del Señor

Jesús cuenta una parábola que echa por tierra el vivir por cuento o el vivir de apariencias… El segundo hijo se arrepentió y se fue.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (21, 28-32)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: “Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. 

Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”. Ellos respondieron: “El segundo”.

Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en Él”. Palabra del Señor.

El Señor es Justo con los trabajadores de la viña

Sin lugar a dudas que la justicia de Dios no se puede comparar con la justicia humana, por el sentido lógico de la misma. La justicia humana no se aparta de la lógica que produce la razón, pero la justicia de Dios se ilumina por la acción del amor, por ende, los elementos de medición son totalmente diferentes, y, por ello, no pueden compararse. La justicia de los hombres es legalista, la de Dios es misericordiosa, la de los hombres está fundamentada en el cumplimiento de normas y preceptos sociales, la de Dios se fundamenta en la fe y en la caridad.

Una justicia sin amor es injusta de por sí, pues no obedece al principio lógico y fundamental de su definición. El jurista Celso Ulpiano decía que justicia es “la constante y perpetua voluntad de dar a cada cual lo que le pertenece”. Con esta definición se construyeron las bases del Derecho Romano que rige hoy a todos los sistemas jurídicos latinos; pues bien, con esa concepción, si midiésemos los sistemas jurídicos actuales, todos serían injustos por cuanto no tienen en cuenta el principio fundamental de la misericordia para comprender las acciones y actitudes de las personas y ni siquiera diferencian “acción” de “actitud”.

Jesús en el evangelio nos da una muestra de esta justicia, en ella se manifiesta la respuesta en hechos reales de su pueblo, podríamos decir en lo humano que no es justo que se salven las prostitutas y los publicanos ya que ellos han tenido un vida llena de pecados, y nos parecería injusto que a última hora se salvan más cuanto otros trabajadores de la viña que han llevado una vida aparentemente apegada a la ley de Dios de toda una vida, y por un “pecado” de última hora se condenen.

Esa es la gran diferencia entre la justicia humana y la justicia divina; por eso algunas actitudes de Dios para con los hombres parecerían injustas si se viesen únicamente con los ojos humanos: decir que grandes pecadores se salvaron porque se convirtieron al final de sus vidas, y que muchos justos se condenaron porque al final de sus días rechazaron la propuesta de Dios, es querer medir la justicia por cantidad de tiempo y no por calidad de fe.

Dios no actúa así. Dios respeta la libertad y la voluntad humana y a la vez es compasivo y misericordioso con todos; si todos somos pecadores, todos gozamos de la misericordia divina en el momento en que debamos rendir cuentas a Dios, si hemos sabido actuar en nuestra vida con los ojos de Dios y no con los ojos de los hombres.

Nuestra respuesta con hechos y no palabras

¿Quién dice que ya no hay trabajo? Jesucristo, en esta parábola, viene a ofrecernos uno: el trabajo por su viña, por su Iglesia. ¿Y con qué moneda nos pagará? Con la vida eterna.

Ahora bien el mensaje de fondo está en nuestra respuesta, ¿será acaso tu respuesta afirmativa? pues sin lugar a dudas esto sería algo de mucho valor para nuestra vida cristiana, pero lamentablemente las acciones se miden con hechos y no solo con palabras, tu mejor respuesta debe ser sin lugar a dudas con hechos reales sino caerías en el comportamiento del trabajador que ofrece y no cumple.

Es necesario ver cuánta necesidad hay en el mundo. No sólo en las misiones; también en nuestra ciudad, en nuestra parroquia, quizás también en nuestra propia familia. Porque a unos les falta el pan y a otros el alimento espiritual, que es la palabra de Dios. ¡Qué importa la edad o los medios que tengamos! Cada uno tiene una vocación muy concreta que Dios le ha regalado, una misión insustituible. ¿Cuál es la mía? Mi primera misión es la de ser cristiano, por algo estoy bautizado. Y un cristiano lo es en la medida que da testimonio con su vida.

Entonces te invito a ser un buen trabajador en la viña del Señor, aquel trabajador que no se encuentra descrito en la lectura del evangelio, aquel que da una respuesta afirmativa pero que a la vez su respuesta se ve reflejada en acciones firmes y sólidas.

¿Hay otras maneras de trabajar en la viña del Señor? Desde luego: la oración, el consejo acertado, la ayuda económica, etc. Hay que echarle un poco de imaginación, y seguro que encontraremos un apostolado que nos venga a la medida. Y si no, pregúntale a tu párroco.

Cristo te necesita. Necesita tus manos, tu inteligencia, tu servicio para hacer algo por los demás. Decídete a ser un apóstol y prepárate para el premio de la vida eterna.

Lindo día en Cristo Jesús.

Victor Hugo Redrován.

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