Formas De Predicar La Palabra De Dios Por Primera Vez

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Continuando con el artículo anterior, en donde vimos los 4 pilares para predicar por primera vez la palabra de Dios, comentamos 3 formas de iniciar con acierto una predicación: Hablamos de la narración,  el ejemplo preciso, y la pregunta. Hoy completaremos las formas de predicar por primera vez:

El comienzo Directo

Consiste en entrar en materia sin preámbulos. Señores: voy a defender las ideas democráticas, si es que quieren escucharla. Es un comienzo propio de la oratoria académica y militar. También es el comienzo adecuado a los discursos fúnebres y a los discursos oficiales. Es un comienzo propio, también, de la oratoria sagrada. Pero exige el máximo sentido común: no es lo mismo predicar a quienes están familiarizados con la Palabra de Dios y valoran la vida espiritual (auditorios, ciertamente, poco comunes) y al pueblo corriente de la misa dominical…

El comienzo directo a la hora de predicar la palabra por primera vez, supone siempre que el orador no necesita conquistar la atención y el beneplácito del auditorio. No es el caso corriente a nuestra predicación. De todas formas, siempre se ha de usar una fórmula estimulante, motivadora, atrayente:

“La palabra de Dios que acabamos de escuchar parece escrita para los sucesos del Golfo Pérsico… (de nuestra ciudad, barrio, etc.). En efecto, según el diario Tal y cual del miércoles pasado…”

“El evangelio de hoy, el buen Dios, lo ha preparado para todos los que sufrimos. ¿Hay alguien aquí que no tenga algún sufrimiento?”

“El mensaje que hoy contiene la Palabra de Dios puede solucionar todos los problemas familiares…”

Predicar la palabra con una experiencia personal

Predicar la palabra de Dios utilizando una narración de la vida personal es un recurso altamente efectivo.  Es una narración donde el propio orador se presenta como protagonista del hecho narrado. El relato de una experiencia propia, vivida por el que habla, posee gran fuerza oratoria. Es obvio que la anécdota debe vincularse al tema tratado, parecer verosímil, y evitar cualquier aproximación al “autoelogio”.

Predicar la palabra con una afirmación sorprendente

Algo que el auditorio no se puede imaginar. Una afirmación inesperada y categórica con el objeto de impresionarlo,

“Estoy convencido de que la fiesta de Navidad debe ser suprimida”. Así comenzó un predicador una excelente predicación sobre el sentido y la falta de sentido (para otros) de la Navidad.

Predicar la palabra con humor

El recurso del humorismo exige especial prudencia. No es aplicable a cualquier circunstancia y, además, cada uno sabe si es o no gracioso. “Hacerse el gracioso” tiene bastantes riesgos… sobre todo, tratándose de la predicación.

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Formas de predicar la palabra de Dios por primera vez

Pero si, efectivamente, el orador ha sido dotado con la vena humorística, y eso cada uno lo sabe. El humor es un recurso que siempre hará interesante el discurso. Es importante que tengas cuidado de utilizar este recurso si vas a predicar la palabra por vez primera. Este recurso lo puedes ir modulando en la medida que vayas adquiriendo cierta experiencia. ¡Cuánto puede servir para predicar a los chicos… y a los grandes!

Predicar la palabra con una cita famosa

De la Biblia (eventualmente de los libros sagrados de otras religiones);
De los santos;
De algún personaje histórico, literario, científico…;
De estrofas poéticas.

La importancia de esta fórmula radica en que nos remitimos a una personalidad con autoridad mayor que la nuestra. La gente gusta conocer que han dicho los hombres famosos (han de ser conocidos por el auditorio o aclararles quiénes fueron).

En el caso de la poesía, se añade la gracia y el encanto que normalmente la acompañan; y tratándose de la Biblia, la fuerza y la majestuosidad de apelar al testimonio mismo de Dios.

Dentro de esta fórmula, se incorporan los refranes y proverbios que, por su sencillez, concisión y sabiduría, tienen general aceptación.

Predicar la palabra con un comienzo aparentemente casual

Es un comienzo que parece surgido allí, en el momento, pero, en realidad, ha sido pensado previamente.
“Esta mañana, recorriendo la ciudad, observé la profusión de afiches con que han anunciado esta charla. Me conmovió constatar el esfuerzo que todos ustedes realizaron por el éxito de esta Semana de la Juventud”.

Un comienzo así acorta inmediatamente las distancias, crea un clima de familiaridad, produce la impresión de que el orador y el oyente son “viejos amigos”. Debe ser natural, espontáneo, cálido.

Predicar la palabra con una acción sorpresiva

Un predicador arrojó un puñado de granos de trigo sobre el piso de mosaicos, para iniciar su comentario a la parábola del sembrador. En un discurso de despedida de alumnos de quinto año, el orador comenzó, calculadora en mano, haciendo el cálculo de las horas que había pasado junto a esos alumnos durante esos años.

El gesto puede ser múltiple: mostrar un objeto, romper algo, escribir en un pizarrón, hacer un ademán dramático…

Este tipo de comienzo, por inusitado, despierta la curiosidad, llama la atención, y, según las circunstancias y la forma, puede crear una gran expectativa.

Predicar la palabra conectando el tema con los intereses del auditorio

Todos nos sentimos atraídos por lo que nos toca de cerca, por lo que nos puede beneficiar o perjudicar. Nada hay más importante para nosotros que nosotros mismos. “El tema que voy a tratar afecta los negocios de todos ustedes. En realidad, afecta el precio de la comida que comemos y el alquiler que pagamos. Más aún, afecta el bienestar de nuestras familias y de la comunidad toda”.

Predicar la palabra de Dios con un comienzo así prende de inmediato al auditorio, y más aún si es la primera vez, ya que toca nuestro interior, se refiere a algo valioso para nosotros. No puede fallar. Es una de las mejores formas de iniciar un discurso.

El ejemplo propuesto podría ser el comienzo de una charla sobre la justicia, pero habrá quien prefiera comenzar más o menos así: “Hoy nos hemos reunidos para examinar juntos la virtud de la justicia”.

Predicar la palabra con un acontecimiento reciente

Es una variante de la anterior. La gente dedica muchas horas a la prensa, la radio, la televisión… Si ha habido un acontecimiento significativo en el barrio, en la ciudad, en el país, en el mundo… (sobre todo, si es suficientemente conocido), se puede aprovechar para presentar el tema del mensaje siempre que la relación no sea forzada. También entran aquí los acontecimientos de la Iglesia universal, nacional, diocesana, parroquial…

Predicar la palabra con una aclaración interesante

Con frecuencia (casi diríamos, a cada paso), surgen, en el evangelio, detalles que es oportuno aclarar. Se hacen interesantes, e incluso, pueden orientar toda la predicación. Son muy variados: la etimología de las palabras; su significado más expresivo en hebreo o griego; la fuerza de ciertas imágenes: la piedra del molino, los diez mil talentos, la figura del pastor…

Del texto y el contexto; de las circunstancias de lugar, tiempo y costumbres, se pueden lograr muy interesantes formas de empezar la predicación, y además, hacer más comprensible el texto (= mensaje) bíblico. (¿Alguien explicó alguna vez qué son las “filacterias”?).

Algo que debes tener en cuenta al predicar la palabra

El comienzo o introducción es lo último que se prepara. Podremos así elegir, con mayor seguridad, entre las posibilidades analizadas, la que guarde mayor relación con el conjunto de la predicación, su finalidad, el auditorio…

No debe ser lo mejor del mensaje, porque así prometería más de ¡o que dará el mensaje mismo. Debido a que el comienzo tiene la vital función de captar la atención y presentar el tema, es necesario escribirlo detalladamente para asegurarse la mejor redacción posible. Mientras lo revisa y lo pule, debe preguntarse: ¿Llamará la atención de los oyentes? ¿Introduce naturalmente el tema? ¿Tiene las cualidades básicas de un buen comienzo; interesante, atractivo, sencillo, claro, breve, apropiado al tema?.

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Con todo afecto tu amigo y hermano.

Victor Hugo

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