Descubre Las 3 Clases De Oyentes En La Predicación De La Palabra

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Mientras Cristo hablaba y les predicaba la palabra a las gentes, sus oyentes se dividían en tres clases. Unos asistían con un corazón cerrado, como meros espectadores indiferentes, sin afán ninguno por aprender o convertirse. Por sólo curiosidad. Otros oían en plan de crítica, haciendo una especie de controversia mental con el predicador, intentando descubrir algún error en sus discursos para poder criticarlo, y buscando objeciones.

Estos oyentes, después de un sermón de Jesús se quedaban sin nada, solo con sus propias ideas egoístas. Vacíos habían llegado y vacíos volvían a sus casas. En cambio los del tercer grupo, con el corazón abierto y entusiasta recibían con buena voluntad las palabras y las enseñanzas de Cristo, y éstas les conmovían y les herían, y esas heridas espirituales les producían salud. Y querían quedarse allí largo rato saboreando las palabras de Jesús.

Y repetían lo que otros exclamaron un día (Juan 7:46). Estas tres clases de oyentes son las que asisten a nuestros sermones. Pero tenemos que pedirle mucho a Nuestro Señor que todos se vayan pasando a la clase de los que sí oyen con fe y amor la Palabra de Dios.

Predicar la palabra a toda criatura con oración

Predicar la palabra de Dios a toda criatura es un mandamiento de Dios, tu y yo estamos llamados a dar a conocer la buena noticia, debemos de esforzarnos porque nuestros sermones puedan llegar al corazón de los oyentes.  Para poder cumplir con este objetivo pienso que poner en práctica el recurso de la oración es lo más recomendable, ¿Oramos de veras para obtener la buena voluntad de nuestros oyentes? ¿Cuántas veces?.

Por lo general, éstas son las clases de oyentes que más asisten a nuestros sermones y a nuestras catequesis. Los fervorosos y los indiferentes.

Predicar la palabra a oyentes fervorosos

Los fervorosos necesitan crecimiento. Hay que enseñarles cómo ir creciendo en virtud y en santidad, especialmente en amor a Dios y al prójimo, y en esperanzas en la vida eterna y dominio de sí mismos.

Para ellos ha dicho muy especialmente nuestro Señor, que ha venido a darnos vida en abundancia (Juan 3:5). A esta clase de personas no se les puede repetir lo que siempre se ha dicho porque se estancarían en la virtud y lo que necesitan es crecimiento. Por eso hay que preparar algo nuevo, algo que los eleve un poco más. Su gran peligro es la rutina y tibieza.

Predicar la palabra a oyentes indiferentes

La mayoría de los oyentes son probablemente los indiferentes, muchos de ellos “hijos de ira” o dignos de la ira de Dios, como los llama San Pablo (Efesios 3:5). Estos necesitan ser despertados de su indiferencia, ser movidos a la conversión, ser invitados a pedir perdón a Dios de sus maldades, y a empezar una vida nueva y evitar así su eterna perdición. A esta clase de gente no hay que tener miedo de hablarles fuertecito como lo hacían Jesús y los profetas.

3 clases de oyentes en la predicacion

3 Clases De Oyentes En La Predicacion

Predicar el evangelio con problemas

No hay que extrañarse de que en la predicación y en la catequesis se presenten problemas. Jesús anunció a sus predicadores que los envía “como ovejas en medio de lobos” (Mateo 10:16) y muchísimos predicadores y catequistas, empezando por los profetas y por el mismo Jesús, tuvieron serios problemas y dificultades en su predicación.

Predicar la buena noticia con problemas fue la de Jesús en Nazaret donde la gente dispuso echarlo por un barranco abajo, porque no les gustó lo que les dijo en el sermón. El profeta Jeremías narra cómo después de uno de sus sermones los oyentes se le lanzaron contra él y lo llevaron preso gritando: “Muerte contra este hombre que se atreve a anunciar castigos para nuestro pueblo” (Jeremias. Cap. 26). Pero no por eso dejó de predicar el evangelio de Dios y de catequizar de ahí en adelante.

Algo parecido le sucedió a San Juan Bautista, por atreverse a predicar contra el adulterio. Jesús nos da este aviso: “Alegraos cuando os traten mal por causa del Hijo del hombre”. Así trataron los antepasados a los profetas. Cuando os traten mal, saltad de gozo, porque vuestro premio será grande en el cielo. Pero tened cuidado cuando os alaben y os feliciten (Lucas 6:22).

Predicación con problemas fue la de San Pablo cuando en pleno sermón se durmió un oyente y se cayó desde un tercer piso. O la de San Agustín cuando estando él predicando se oyen en la plaza las trompetas avisando que llegó el circo, y todos los oyentes se salen corriendo de la iglesia para irse a ver el espectáculo (lo narra el mismo santo).

Predicar el mensaje de Dios con problemas fue lo de Santo Tomas de Aquino cuando en mitad del sermón en un templo en París la mitad de los universitarios allí presentes se salen en señal de protesta porque no están de acuerdo con lo que dice el predicador. O la de San Francisco de Sales que prepara cuidadosamente un gran sermón y sólo asisten siete personas y a ellas solas les echa su discurso, pensando que Jesucristo predicaba hasta a una sola persona (por ej. Nicodemo).

Con ese sermón San Fracisco convirtió a un protestante, que se dio cuenta de que este sacerdote no predicaba para lucirse sino para hacer mejores a los oyentes.

Predicar la palabra de Dios con problemas la del mismo San Francisco de Sales quien al llegar a un gran templo de París lo encuentra totalmente lleno de curiosos y se da cuenta de que esa gente no ha ido por aprender a ser buenos sino por la curiosidad de oír un predicador nuevo y famoso.

Y entonces hace el sacrificio de no echarles un gran sermón sino de hacerles una charla sencilla y ordinaria, llena de ejemplos que ya todos saben. Y la multitud de curiosos vuelve desilusionada a sus casas, pero el santo ha logrado vencer el propio orgullo, y ya al día siguiente no tiene junto al pulpito un montón de inútiles curiosos, sino un grupo de oyentes llenos de fe, que sí van a aprovechar sus sermones.

Evely narra que una vez fue a predicar a un gran templo y allí habían informado mal acerca de la hora del sermón. Y cuando salió a empezar su predicación, solamente vio 4 mujeres trabajadoras, allí en la primera banca. El se dominó y les dijo: “Mis buenas oyentes, aunque solo hay aquí 4 personas, sin embargo yo les voy a echar el mismo sermón que les diría si aquí hubiera cinco mil/oyentes”. Y una de esas trabajadoras le respondió “Bueno padrecito, lo que va a decir ojalá lo diga pronto, porque a nosotros nos mandaron aquí fue a barrer la iglesia”. Pero aún a esta clase de gente también tenemos responsabilidad en predicarles.

3 Clases de oyentes en la Predicación


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