¿Cuáles son las principales palabras que pronunció María?

De María se nos transcriben en los santos evangelios siete palabras salidas de sus labios. Son un tesoro precioso que vale la pena conservar y meditar en el corazón. Las podemos poner junto a las siete palabras que Jesús pronunció en la cruz, y considerarlas con atención para nuestro provecho espiritual.

Dos palabras con el ángel en la Anunciación:

1. “¿cómo podrá ser esto puesto que no conozco varón? (Lc 1,34). Nos habla de su virginidad, la cual ella colocaba por encima de todo. Estaba, incluso, dispuesta a renunciar a su dignidad de Madre del Señor, con tal de conservar intacta su pureza virginal, mediante la cual se había consagrado a Dios. Es el más hermoso ejemplo ofrecido a todos los jóvenes, ellos y ellas, en medio de este mundo inundado de lujuria y pornografía.

2. “He aquí la esclava del Señor; que se haga en mí según tu palabra” (Lc 1,38). María, exaltada por Dios a una dignidad inaudita, no sabe otra cosa que humillarse, y se proclama “La esclava del Señor”; es el dechado de humildad. Es al propio tiempo, la obediencia y sumisión a la voluntad de Dios. “Mi manjar es hacer la voluntad del que me envió” (Jn 4,34), podía ella decir como Cristo. Jesús nos enseña a pedir: “Hágase tu voluntad” (Mt 6,10). Y esta misma plegaria haría Cristo en los los momentos más difíciles de su vida, en su oración del huerto (Mt 26,42; Lc 22,42): “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Su madre nos había enseñado lo mismo. Perfecta sintonía entre Cristo y María, su madre.

Otras dos palabras, en la visitación a Isabel:

3. La voz del saludo (Lc 1,40.41.44) al entrar en casa de su prima. las palabras que pronunció María ante su prima, no la conocemos en el sentido literal. No importa, lo que sí sabemos es que tenía que ver con la cortesía y educación. Entre los hebreos era emplear el “Shalom” es decir “la paz”; “la paz sea contigo”, como lo vemos varias veces en el santo evangelio (cfr. Lc 10,5;Mt 10,12s; Jn 20,19). En el caso presente se trataba de la caridad de quien venía a servir y ayudar a su anciana pariente. El amor a Dios, que llenaba el alma de María, la empujaba incoerciblemente hacia el amor al prójimo (cfr. 1 Jn 4, 7-21). Era, asimismo, una palabra eficaz, pues purificaba a Juan dándole alegría de la salvación al tiempo que llenaba a Isabel del Espíritu Santo.

4. “Engrandece mi alma al señor…” Entona luego María el cántico que llamamos el Magníficat: canto a la gloria de Dios en que se armonizan la humildad de María, y la plena y profunda comprensión de los planes de Dios en su acción salvadora (Lc 1, 46-55). Canto en que no descubriremos tan solo la humildad de la esclava del Señor, sino su visión de esas tremendas realidades humanas de contrastes entre ricos o poderosos, engallados en su prepotencia altiva, junto a pobres y hambrientos que no tienen lo necesario para vivir: cuadro de hiriente injusticia social que María ha visto a su alrededor, y que nosotros vemos por igual alrededor nuestro. María ve entonces y reclama la intervención de Dios que derriba a los prepotentes y enaltece a los pobres, invirtiendo las realidades de atropello y opresión (Lc 1,51-53). Lo que no se dice es cuándo sucederá eso. Dios se reserva el tiempo y la hora.

Dos veces que habla con su hijo.

5. “Hijo, ¿po qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados” (Lc 2,48). las palabras de María Después de encontrar al niño perdido en el templo. Expresión del amor a Cristo, un amor que todo lo tiene puesto que Él. Es la noche oscura del alma. Se queja amorosamente con su hijo; interroga: “¿Por qué?” (Mt 27,46).

“¿Adónde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido?”
Será la exclamación de toda alma al cual un tiempo se le oculta el Señor. Pero le buscará.
“Con ansias, en amores inflamada”
Teniendo por modelo a María

6. “No tienen vino” (Jn 2,3) dice María, como en un murmullo, a su hijo en las bodas de Caná. Es la preocupación solícita de la caridad para con el prójimo.

Sus ojos se interesan por los demás y en sus necesidades, antes que sean irremediables. La petición es humilde y sobria, casi solo insinuación. Será modelo de oración confiada y humilde. Nos enseñará a no pensar tan sólo en nosotros mismos, ni en la oración, sino en los demás. Nos hará comprender también qué, si Cristo aceptó la intercesión de María, su Madre, y obró el milagro, bien podemos nosotros recurrir a María para que interceda por nosotros. Su oración obtiene cuanto pide.

Una palabra a los servidores

7. “Haced todo lo que Él os diga” (Jn 2,5). La palabra procede del Antiguo Testamento. Es la frase que dice el Faraón hablando de José en Egipto, entronizado y constituido en autoridad (Gn 41,55).

Es para nosotros la exhortación que nos repetirá María: “Haced todo lo que Él os diga”; con el fin de que nosotros repitamos como los israelitas del Sinaí: “Haremos todo cuanto Yahvéh nos ha dicho” (cfr. X 19,8; 24,27;Dt 5,27). Es la misma voz del Padre celestial y la Madre terrenal de Jesucristo nos orientan en la misma dirección. No cabe que el cristiano haga otra cosa sino la voluntad de Dios manifestada en Cristo.

“A Jesús por María”, ha repetido siempre el pueblo cristiano. María no quiere que nos detengamos en ella: lo que quiere es tomarnos de la mano y llevarnos a Cristo.

Hno. Victor Hugo Redrován

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