4 Pilares Para Predicar Por Primera Vez La Palabra De Dios

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El predicador es -¡debe ser!- orador. Para predicar la palabra de Dios por primera vez necesitas tener en cuenta algunas verdades básicas de la oratoria general, conocer “qué terreno pisas’, “de qué se trata”. Sería suicida pensar que “basta abrir la boca y hablar”. Todo orador ha de conocer la naturaleza de la acción oratoria, y cuál es la estructura del discurso.

Al analizar la acción oratoria -el acto de hablar en público-, encontramos que una persona (orador) dice algo (tema) a alguien (auditorio) con un propósito (finalidad) y lo expresa de una determinada manera (forma). En consecuencia, las variables al momento de predicar por primera vez la palabra de Dios son cuatro: tema – auditorio – finalidad – forma.

Pilares Para Predicar Por Primera Vez La Palabra De Dios

Muchas personas les gustaría servir en el ministerio de la palabra, el reto de Predicar Por Primera Vez la Palabra De Dios, puede ser algo muy interesante sobre todo si te has preparado adecuadamente, aún así lo más difícil es superar el temor, es posible que tengas pánico escénico, por no saber cómo iniciar.

Hoy te quiero compartir unos cuantos consejos que si lo aplicas te ayudaran a entender a como predicar por primera vez la palabra de Dios.

El punto de arranque que se debes considerar es el siguiente:

  1. A quién hablaré (AUDITORIO)
  2. Para qué hablaré (FINALIDAD)
  3. De qué hablaré (TEMA)
  4. Cómo lo diré (FORMA)

Estas son los 4 pilares que debes considerar para predicar la palabra de Dios por primera vez. En este caso, los factores prioritarios son el auditorio y la finalidad. El tema y la forma dependen de ellos.

El auditorio en la predicación

Muchas personas dicen “Quiero predicar la palabra de Dios” el deseo de servir en el ministerio de la palabra es un buen comienzo, no obstante la preparación es muy importante. El auditorio es el gran soberano de la oratoria. Es recomendable que conozcas con anticipación el tipo de personas que van a ser tus oyentes pues no es lo mismo predicar a niños, que a adultos; a personas sencillas o cultas; a campesinos o a empresarios. Dependiendo de tu publico elegirás el tema de predicación.

En el plano psicológico, la competencia por captar la atención de tu público es cruel y despiadada. Si no queremos predicar en el vacío, hay que ganar su atención, despertar su interés, provocar su asombro, motivar su entusiasmo, incitarlo a escuchar. ¡Es posible hacerlo! No es necesario ser tremendamente imaginativo ni especialmente creativo para atraer al auditorio con las primeras palabras. Pero requiere concentrarse en ello, dedicarle el tiempo y esfuerzo que su importancia merece.

Además de captar la atención, cuando vayas a predicar la palabra por primera vez debes suscitar el interés por el tema. En la tradición protestante, la introducción termina proponiendo, con una frase sugestiva, el tema que se viene. Acertada precaución. Casi instintivamente, los oyentes se preguntan: “¿qué dirá acerca de este asunto?”. La proposición es la respuesta a este interrogante. Planteada sugestiva y claramente, estimula el interés y señala la dirección que tomará el tema y posibilitará, a los oyentes, seguir el mensaje con facilidad.

Se entiende por qué, siempre, se ha asignado al comienzo (y al final del discurso) la máxima importancia. Sin embargo, ¡cuántos predicadores dedican sus primeras palabras a arruinar lo que dirán después! Frases abstractas, rutinarias, a veces, académicas, casi indolentes, forman el elenco. Frases muertas y mortíferas.

  • El evangelio de hoy nos dice…
  • La Iglesia nos presenta la imagen de María…
  • Hoy, la Palabra de Dios es muy rica… (¿Y los demás días?)
  • En este domingo, el Espíritu Santo nos quiere enseñar.

Cualquiera de estas frases es una dosis de anestesia. El predicador la refuerza, cuando se le ocurre parafrasear el evangelio por el solo hecho de ganar tiempo (no porque busque enfatizar algún aspecto determinado).

Más grave aún es introducirse en el “túnel del tiempo”, instalarse en un pasado distante veinte siglos. ¿Cómo retornar de él? ¿Cómo volver a la realidad del aquí y ahora? Casi imposible. Un comienzo así es suicida.

La finalidad de la predicación

Si ya has tomado la decisión de predicar la palabra de Dios por primera vez, debes tener claro tu objetivo. La finalidades el componente de la acción oratoria. después de la idoneidad personal del predicador, nada influirá tanto en la eficacia de la predicación como el propósito que se haya propuesto.

La finalidad, objetivo o propósito, es la meta a la que el predicador quiere llegar como resultado de su exposición; es la respuesta a la pregunta: ¿Para qué hablo?

El predicador no habla porque “no tiene más remedio….” Tampoco habla para impresionar al público con su erudición o ingenio. El predicador es Heraldo, Apóstol y maestro (2 Timoteo 1:11). Habla para aprovechar una oportunidad de que su auditorio conozca y ame a Jesucristo, y quiera hacer algo por él. Para ello, no basta hablar, hay que “vender”. Esta es la razón del porque predicar la palabra de Dios.

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Como Predicar Por Primera Vez La Palabra De Dios

El predicador no solo debe salir airoso de su exposición, debe, además obtener algo de ella. Por ejemplo cuando finalice mi predica, quiero que el público:

  • CONOZCA claramente que es….
  • SIENTA la misericordia de Dios….
  • QUIERA colaborar con la campaña ….
  • ADVIERTA los errores de quienes ….
  • DECIDA comprometerse con las actividades ….

Si el predicador no sabe a donde llegar, no te extrañes que a pesar de su buena voluntad, ¡no pasa nada!: Cuando uno no sabe a donde va…. llega a cualquier parte.

El tema de la predicación

Si quiero predicar la palabra de Dios con eficacia, debo saber escoger el tema a tratar. El tema no puede ser descuidado. Más de una vez, el éxito de la predicación dependerá del acierto con que hayamos elegido el tema o su específico enfoque. Pero este acierto, en definitiva, depende de una seria información y reflexión acerca del auditorio, sus expectativas y circunstancias. (No se puede predicar lo mismo ni de la misma manera a las novicias, a las chicas del secundario y a las reclusas de un instituto penal. Tampoco será idéntico el enfoque de la ética profesional, si hablamos a obreros o a empresarios.)

El tema es la columna vertebral del contenido. La materia de la que trata la predicación; el asunto que se presenta en ella. Se la denomina también la idea central.

El primer paso para predicar la palabra de Dios por vez primera es definir el tema, responder a esta sencilla pregunta: “¿De qué voy a hablar?”. La respuesta ha de ser unívoca y breve: hablaré de “los frutos del Espíritu Santo”; “del valor del hijo pródigo”; “de las características de la auténtica caridad”. El tema es la exacta respuesta a la pregunta: “¿de qué hablaré?”. Mientras no pueda contestarla claramente, no debe seguir adelante.

¡No te preocupes! para predicar la palabra de Dios por primera vez solo es cuestión de decisión, luego te recomiendo que ores a dios, pídele que te ilumine y que el Espíritu Santo te asista, para que sea Dios mismo fluyendo a través de tu voz.

Entonces, es imprescindible tener un tema, y saber con precisión cuál es. Sólo hay una forma de estar seguro de ello: poder expresarlo en poquísimas palabras tan claras como la luna llena en una noche despejada. Aunque un libro tenga 700 páginas, es posible decir en pocas palabras de qué se trata…
Si el tema está en la nebulosa, ¿cómo elegir el comienzo y el final? ¿Cómo armar su desarrollo? ¿Cómo determinar un objetivo? SÍ el predicador “no la tiene clara”, ¿cómo “la tendrá” el oyente?. Seguir leyendo “Cómo elegir el tema de la predicación”.

La Forma de la predicación

La forma depende de los otros factores. El cuento es ideal para hablarles a los chicos… y a muchos auditorios adultos; quizás a empresarios y profesionales, convenga presentarles estadísticas y otros argumentos acordes.

La idea es captar la atención y presentar el tema a tus oyentes. ¿cómo hacerlo? Felizmente la lista de posibilidades es amplia:

  • Comencemos con una narración: La narración es la especie literaria que expone ordenadamente un hecho o un suceso. Las narraciones atraen, despiertan interés. A medida que el narrador cuenta, queremos saber cómo sigue. Por eso, es el gran recurso literario de novelistas y cuentistas. Bien realizada -breve, clara, ordenada, coherente-, es un comienzo infalible.
  • Con un ejemplo preciso: Casi es una variante de lo anterior. Los ejemplos -tan importantes en oratoria- son una magnífica forma de empezar. Concretos, precisos, avivan el interés, fijan la idea. La ejemplificación es la llave de oro para predicar la palabra del Señor. Cuando un ejemplo adecuado sacude al auditorio se puede seguir haciendo uso de él durante el resto del tema Un ejemplo puede servir de columna vertebral a una predicación.
  • Con una pregunta: Una pregunta bien conectada con el tema, despabila al auditorio, crea expectativa, hace parar las antenas, pone en funcionamiento la mente del oyente. ¿Es posible hoy cumplir el séptimo mandamiento? ¿Se puede vivir sin “curros” ni acomodos? ¿Es posible progresar siendo decentes?”. Para predicar la palabra de Dios por primera vez, preguntar es un recurso oratorio de gran importancia. Puede ser un excelente comienzo. Seguir leyendo Formas de iniciar con acierto una predicación.

Con todo afecto.

Tu amigo y hermano – Victor Hugo

 

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